Y seguimos.
Digamos que al menos no tenemos a los once caradehipopótamos gritando, destrozando (nervios, casa, muebles, etc), pero aún continúo al cuidado de otras bestias peligrosas: los obreros.
Digamos que al menos no tenemos a los once caradehipopótamos gritando, destrozando (nervios, casa, muebles, etc), pero aún continúo al cuidado de otras bestias peligrosas: los obreros.
Debo reconocer, de todas maneras, que son algo más dóciles de lo común, de hecho ni una de mis vecinas se quejó hasta ahora de haber escuchado una guarangada proveniente de mis chicos. Eso si, hubo una oportunidad en la que trajeron otros ajenos al grupo para una tarea especial, y cuando mi hermana salió a la calle recibió todos los mencionados epítetos (hasta que uno de los pertenecientes al equipo permanente les dijo ‘Nooooooo, que es la doña!!!!’).
Igual no es fácil: nueve horas de trabajo, llegar a casa, bestias (dóciles, con casco amarillo), facultad, llegar a casa, bestias (enfurecidas, léase ‘papá de Caradehipopótamoquenosquedó odia a Caradehipopótamoquenosquedó VS mamá de Caradehipopótamoquenosquedó ama a Caradehipopótamoquenosquedó y quiere comerse a su marido si le toca un pelo’).
Finalmente, con todo esto mi expresión permanente es la de la foto en la que Caradehipopótamoquenosquedó me hace burlas:
