martes, 24 de febrero de 2009

Invasión de bestias

Acabo de volver de las vacaciones. Bueno, no fueron vacaciones en realidad. Me quedé acá, con trescientos grados, con el ánimo de una babosa mareada. Las razones? Las que siguen:

1- La obra y sus obreros. Es buenísimo despertar a las 7 de la mañana al grito de ‘vo pelao, me pasá un bizcocho?, ‘un mate?, ‘ta fresquito, che!’. Y la radio. La raaaadioooo. Sin palabras.


2- La casa en venta. Tour guiado por mi casa a todo potencial comprador. O a todo gil al pedo que guste de darse una vueltita por mis habitáculos con sus críos, que están hartos de ir al Shopping y al zoológico como circuito único de recreación. Se detectan fácil: mate y termo bajo el brazo, jogging, comestibles cual pic nic por si los nenes tienen hambre y empiezan a joder, y la despedida con una media sonrisa y un ‘ta linda, gracias’. Ojalá que ardan en el mismísimo infierno.

3- Perraelefanta a punto de explotar. Todo comenzó en una tranquila tarde de diciembre, cuando Perraelefanta pegó un grito desgarrador. Perroelefante se la había desgarrado, ejem, violado.

4- Perraelefanta pegó un alarido similar al de la violación. Mi hermana cuenta que vio el momento en que a Perraelefanta le salía una especie de vegetal de sus genitales (‘una berenjena del orto’, según textuales palabras de la anormal). Y así llegó al mundo el primer caradehipopótamo:




Hermoso, verdad?

Ahora imagínenlos gritando a todos, los once caradehipopótamo al unísono, en mi cuarto (Perraelefanta no quiere apartarse de su ama ni para dormir en estos momentos. Y sus caradehipopótamo van pegados).

Si alguien se apiada ante tan desesperante situación puede comprarme la casa (o bien surtir a aquellos que atraviesen el portón de mi jardín con el aspecto descripto en el punto 2, ponerle silenciador a los obreros (con que les rompan la radio me conformo), o llevarse un caradehipopótamo cuando Perraelefanta termine de amamantarlos.