1- La obra y sus obreros. Es buenísimo despertar a las 7 de la mañana al grito de ‘vo pelao, me pasá un bizcocho?, ‘un mate?, ‘ta fresquito, che!’. Y la radio. La raaaadioooo. Sin palabras.
2- La casa en venta. Tour guiado por mi casa a todo potencial comprador. O a todo gil al pedo que guste de darse una vueltita por mis habitáculos con sus críos, que están hartos de ir al Shopping y al zoológico como circuito único de recreación. Se detectan fácil: mate y termo bajo el brazo, jogging, comestibles cual pic nic por si los nenes tienen hambre y empiezan a joder, y la despedida con una media sonrisa y un ‘ta linda, gracias’. Ojalá que ardan en el mismísimo infierno.
3- Perraelefanta a punto de explotar. Todo comenzó en una tranquila tarde de diciembre, cuando Perraelefanta pegó un grito desgarrador. Perroelefante se la había desgarrado, ejem, violado.
4- Perraelefanta pegó un alarido similar al de la violación. Mi hermana cuenta que vio el momento en que a Perraelefanta le salía una especie de vegetal de sus genitales (‘una berenjena del orto’, según textuales palabras de la anormal). Y así llegó al mundo el primer caradehipopótamo:
Hermoso, verdad?
Ahora imagínenlos gritando a todos, los once caradehipopótamo al unísono, en mi cuarto (Perraelefanta no quiere apartarse de su ama ni para dormir en estos momentos. Y sus caradehipopótamo van pegados).
Si alguien se apiada ante tan desesperante situación puede comprarme la casa (o bien surtir a aquellos que atraviesen el portón de mi jardín con el aspecto descripto en el punto 2, ponerle silenciador a los obreros (con que les rompan la radio me conformo), o llevarse un caradehipopótamo cuando Perraelefanta termine de amamantarlos.
