
Si, si, para sorpresa del público presente, sigo con vida. Claro, sería más sorpresa encontrarme sin vida.
En este momento estoy sufriendo un cruel abandono. Y un engaño. Mis chicos (según fuentes informativas calificadas, es decir, las viejas chusmas del barrio y mi vecino de enfrente) se fueron para otra obra. Si. Se fueron. Y lo que es peor: la otra obra es de uno de mis vecinos. Todavía no sé quién. Pero cuando lo/a agarre a ese/a chiruso/a va a saber quién es Lil (voy a tener que ir a presentarme, qué sé yo, capaz que no lo vi nunca, no conozco a todos mis vecinos).
El jefe de mis chicos dice que es un abandono momentáneo. Y me promete todos los domingos de tarde que van a venir "el lunes".
La semana pasada con el temporal, vientos, lluvias, rayos y gatos en celo, dos chapas de varias toneladas (bueno, a mi me pesaban mucho) amenazaban con salir volando a decapitar personas, animales y fuentes informativas calificadas. Por este motivo, mi hermana y yo tuvimos que treparnos a las alturas para asegurarlas. Esto nos provocó fuertes alaridos, groserías de muchos decibeles e insultos de diferentes tonalidades, haciendo alarde, además, de una torpeza magistral. Un maravilloso espectáculo para el barrio, sin duda alguna. De hecho, nos dejaron terminar para preguntar si necesitábamos ayuda.
Sé que acostumbran a hacer este tipo de cosas todo el tiempo, pero creí que mis chicos eran diferentes. Y que no me iban a hacer esto a mí. Después de todos esos días de verano en que les alcancé hielo y agua fría, todas las veces que les presté el cargador de mi celular, los defendí de los perroelefantes, soporté su música horrible desde las siete de la mañana sin protestar, y hasta adopté sus "gracia" y "vo pelao"...
Estoy evitando esta frase odiosa desde que empecé a escribir, pero debo reconocerlo: son todos iguales.